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La reina del sexo

De cómo una chica de provincias reinventó el servicio de señoritas de compañía en Los Ángeles. Por Vanessa Grigoriadis

27.01.2012 | sin comentarios
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La reina del sexo

Le gusta estar arriba. Michelle Braun, alias Nici, en una playa de Miami. (Foto: Danielle Levitt)

Todo empezó en Estambul. Michelle Braun, conocida como Nici, estaba a punto de convertirse en la más exitosa proveedora de féminas desde Heidi Fleiss. Ya poseía un servicio de señoritas de compañía, pero no dejaba de pensar en ampliar su negocio. Por eso viajó hasta Turquía, embarazada de seis meses de su segunda hija, a la busca y captura de Hakan Uzan, un multimillonario turco cuya familia controlaba la segunda compañía de telefonía móvil del país. Lo encontró en la suite presidencial de un hotel, mirando un partido de fútbol por la tele. Mientras mostraba su catálogo de chicas de alquiler en el portátil, Uzan le dijo lo que quería: un harén distinto cada semana que le esperara en el hotel.

No le servía cualquier tipo de mujer: quería a conejitos de Playboy, estrellas del porno y demás voluptuosidades inalcanzables con pocos escrúpulos, cuyas compañías, en ciertos círculos, denotan clase y poder. Desde el punto de vista de Nici, lo más sorprendente, además del porte de la billetera de Uzan, era que él apenas pasaría a ver a las chicas y mucho menos a tener sexo con ellas. Sólo quería que estuvieran allí cuando a él le placiera.

Una vez conseguido este cliente, el negocio de Nici creció como la espuma. Las chicas Playboy podían obtener mil dólares por una semana. A partir de entonces, podían ganar 25.000 euros por el mismo periodo si volaban a Turquía. Las chicas estaban encantadas: “Eran como unas vacaciones pagadas”, cuenta una estrella del porno que se alojó en un Hotel de Estambul que parecía un castillo. “Había ocho chicas allí, así que eché mis cuentas. Por lo menos se había gastado 200.000 euros. Antes de que Uzan fuera acusado de desfalcar millones de sus compañías y se convirtiera en un fugitivo en busca y captura, Nici calcula que se había gastado 3 millones de dólares durante el año que utilizó sus servicios.

El boca oreja del asunto Uzan hizo el resto: Nici podía ser un tipo de madame que nunca había existido y crear un servicio de señoritas de compañía de alto standing que aumentara el dinero tanto para los clientes como para las chicas. Atletas de élite, estrellas de la televisión y los presidentes de las compañías que figuran en la lista de Los 500 más ricos de Forbes llamaron a sus puertas. No se trataba de tener en nómina a chicas jóvenes, drogadictas y sin pasado. Nici quería contratar a las mujeres que representan en el imaginario público Los Ángeles: rubias, bellas, voluptuosas, modelos de revistas como Maxim y FHM, estrellas del porno famosas y reconocibles. Nici incluso afirma que una vez habló con Paris Hilton, que aceptó formar parte del equipo si el cliente pagaba 10.000 euros la noche.

Todos los servicios de compañía querían seguir sus pasos. Y no eran los únicos… La policía empezó a investigarla. En 2008 trascendió que los federales creían que Nici había gannado al menos 8,5 millones de euros regentando un servicio de señoritas de compañía que en realidad era la tapadera para la trata de blancas y el blanqueo de dinero. Nici negó esas acusaciones. “Todo lo que hago es presentar a chicas famosas a hombres ricos que quieren conocerlas. Creo que mis honorarios están justificados sólo por el hecho de conocerlas, incluso en el supuesto de que no pasara nada. Un hombre no puede conocer así como así a una conejita de Playboy, o tener una cita con ella. Lo que ocurra después, nunca ha sido de mi interés”.

“Un hombre no conoce así como así a una conejita de Playboy. Creo que mis honorarios etán justificados sólo por el hecho de conocerlas, aunque no pase nada entre ellos”

El negocio del sexo ha cambiado por completo en la última década, y el mayor cambio que se ha producido es el de la caída del tabú sobre el scorting o servicio de acompañamiento. “Casi todas las estrellas del porno se dedican ahora a estos menesteres”, afirma Luke Ford, periodista especializado en la industria del porno. Ya no se puede ganar dinero saliendo desnudas. Hay demasiadas chicas desnudas en Internet deseando hacerlo gratis y webs que te las muestran sin que te cueste un chavo. Rob Spallone, productor de maravillas como la película El gangbang más grande del mundo sentencia: “Estábamos tan preocupados porque el gobierno arruinara nuestro negocio que, irónicamente, hemos acabado por inundar el mercado y arruinarnos a nosotros mismos”.

"Desde 2008 las actrices más conocidas han visto cómo sus emolumentos se veían reducidos en un 30%, hasta los 1.000 euros por escena. También se ha complicado el camino que se iniciaba tras convertirse en una conejita de Playboy famosa y que podía llevarte al cine o la televisión. Incluso las giras por clubes de striptease han pasado de moda, y el número de chicas dispuestas a trabajar en ese tipo de locales ha aumentado. Para las estrellas del porno y las chicas de revista sólo queda una fuente de ingresos: quedar con fans en lugares privados”. “En la sociedad actual, si eres famoso atraes al dinero”, afirma el abogado de Nici, Marc Nurik. “Los hombres compran la oportunidad de conocer a alguien famoso en quien están interesados. En su caso es la playmate (conejita de Playboy) del mes, pero los aficionados al deporte hacen lo mismo para quedar, por ejemplo, con Fernando Alonso”.

Como cualquiera que se dedique a los servicios de compañía, Nici debe su existencia a un vacío legal. Aunque pagar por sexo es ilegal, pagar por mediar entre adultos que pueden decidir después si tienen relaciones sexuales no lo es. Unos y otros encajan a la perfección: ellos no quieren tener relaciones estables y ellas buscan dinero para llevar un estilo de vida independiente de los hombres. En el mundo de Nici, las mujeres son adictas a los compras, los hombres adictos al porno y todo el mundo está desesperado por aliviar su soledad y alienación. A pesar de la sordidez del mundo en el que se mueve, Nici, madre de dos niñas de diez y ocho años, sigue considerándose “una jovencita de Bakersfield”.

En esa pequeña población californiana, en el seno de una familia acaudalada, fue donde se crió Nici. Sin embargo, siempre tuvo claro, cuando miraba los póster de Marilyn que colgaban de su habitación, que “de ningún modo me iba a quedar en Bakersfield”. En la Universidad de San Diego pasaba más tiempo de fiesta que estudiando. Su compañera de habitación le sugirió que buscara un empleo pero nunca lo necesitó. En un viaje a Rosarito, México, se apuntó a un concurso de camisetas mojadas y ganó cientos de dólares. Un día de compras, un diseñador de moda se fijó en ella. Abandonó la universidad y se mudó a Los Ángeles. Cuando él la abandonó empezó a trabajar en la puerta del Century Club. El dueño le daba propinas por conseguir que las chicas guapas se sentaran en las mismas mesas que los buenos clientes. Un buen día, un tipo le dio 500 dólares para que consiguiera que una amiga suya se sentara con él. “Fue ahí cuando me di cuenta de que esto era realmente un negocio”.

En unos meses, con 19 años, su empresa había extendido sus tentáculos a otros círculos e incluso a Internet. Para Nici, la pregunta nunca fue: “¿Cómo puedo justificar lo que hago moralmente?”, sino: “¿Cómo puedo mejorar esto, pragmáticamente? Hasta que un día ocurrió lo inimaginable: Charlie Sheen se puso en contacto con ella. Era el Santo Grial de los servicios de compañía, la conexión con Hollywood que podría permitirle alcanzar sus sueños. Sheen no dejó de contratar sus servicios ni aún cuando estaba en rehabilitación por orden judicial: Nici enviaba las chicas a la consulta de un doctor amigo del actor. En la clínica de rehabilitación veían como algo normal que fuera a consulta.

Nici

Foto: Madrina más que madame. Nici ofrecía a chicas la oportunidad de "sentirse como una princesa o incluso conocer a un príncipe"

Unos 10.000 euros la noche y 5.000 por estar suscrito a su página web, NicisGirls. Ésas eran sus tarifas. Como madre que era, confiaba en ganarse el afecto de las chicas, en hacerles ver que era una amiga que no iba a robarles su dinero. Una chica Penthouse que ganó 200.000 euros durante el año que pasó con Nici, nos cuenta: “Otros te hacían sentir como un producto, pero ella me hablaba como una amiga, me hacía ver que estaba con nosotros frente a ellos. Utilizaba a sus clientes cuando la mayoría se limitaban a utilizarnos a nosotras. Ésa era la diferencia”. Los servicios de compañía funcionan mediante el boca oreja. Cuando contrataba a una nueva playmate, le adjudicaba los trabajos más sencillos, de manera que la novata animara a sus amigas a sumarse al club. “Nos trataba como celebrities”, dice una de sus chicas. Nici aprendió rápido que hay tipos dispuestos a pagar lo que sea. Por ejemplo: Uno de sus supuestos clientes, Michael Fanghella, presidente del consejo de administración de una inmobiliaria, gastó 14 millones de dólares en regalos para la jefa de animadoras reconvertida en estrella del porno Kelly Jaye. Eso fue antes de que le condenaran a 10 años de cárcel por fraude.

A los 21 años, Nici conoció a Mark Yagalla, un prodigio de las inversiones y de los bonos basuras de Filadelfia. Cuenta que Yagalla le ofreció medio millón de dólares por conocer a una chica a la que después le daría un coche, una casa y un sueldo. Le compró a la playmate Tishara Cousino un Mercedes y una casa de 850.000 dólares; a una de las chicas de Hugh Hefner, Sandy Bentley, una casa de 1,7 millones de dólares, dos Rolex, seis coches (entre ellos un Ferrari Spider y un Bentley descapotable) y una réplica idéntica del collar de rubíes y diamantes que Richard Gere le regalaba a Julia Roberts en Pretty Woman. Las cosas le empezaron a ir mal a Yagalla a los pocos meses. Le cayeron cinco años de prisión por un desfalco de 32 millones de dólares.

“¿Cómo te ganas la vida?”, le preguntó un agente del F.B.I. “Creo que ya lo sabes”, contestó Nici.

En mayo de 2002, justo cuando Nici celebraba la fiesta de cumpleaños de su hija mayor entre ponies, el FBI llamó al timbre de su mansión de 8.000 metros cuadrados. Yagalla había declarado en los interrogatorios que le había enviado a Nici millones de dólares por correo para fundar una compañía de vídeo porno. Nici lo negó, afirmando que lo único que recibió de él fueron 250.000 dólares como retribución por su trabajo. “Era un gran amigo, y no podía creer que me estuviera haciendo eso. Fue un aviso de que no podía fiarme de nadie”.

A medida que el negocio crecía, Nici se aislaba más y más. No podía confiar en nadie. No tenía secretaria y nadie en el Club de Tenis de Bakersfield sabía a qué se dedicaba. ¿Por qué pasaba horas y horas al móvil? Porque era una agente de viajes, respondía. “En este negocio nadie quiere ser el segundo. Todo el mundo quiere ser el primero”. Moscú, Dubai, Las Vegas… sobre todo Las Vegas. Por el año nuevo chino, ella y sus chicas fueron a un casino como acompañantes de un magnate del tabaco. Les regaló diamantes del tamaño de una herradura, trajes de D&G y una cantidad ilimitada de sobres rojos con dinero. “No hay nada como ser alguien con dinero en Las Vegas. ¿Sabes qué es lo malo de tener dinero? ¡Nada!”. Las anécdotas sobre su éxito empezaron a correr como la pólvora. Nici había estado con un príncipe jordano en la discoteca real donde, según recuerda una de las chicas, “todos se llamaban Mohamed y eran príncipes”, pero no había modo de saber en qué grado del escalafón dinástico se encontraban.

Los clientes habituales empezaban a desaparecer a medida que el negocio crecía. Nici tuvo que emplear a una agencia de modelos como intermediaria en Dubai. Pero lo peor es que cada vez perdía a más y más chicas en manos de la competencia. Había algunas que decidían saltarse la mediación de Nici y quedar por su cuenta con los clientes; otras agencias de señoritas de compañía robaban fotos de sus chicas y las hacían pasar por suyas. Nici no estaba dispuesta a que las cosas quedaran así y empezó a contraatacar. La competencia hizo lo propio, contratando a detectives privados para buscar el punto débil de su economía, o buscando motivos para que la agencia de protección de menores le retirara la custodia de sus hijas. “Lloraba constantemente. Desarrollé una fobia social”.

Cuando su matrimonio se fue a pique, Nici se trasladó a Florida, donde se casó de nuevo con el novelista y periodista radiofónico Farell Kellener. “Estaba semirretirada pero todavía me ponía del hígado saber que había gente intentado comerse mi parte del pastel. Mi ego no lo toleraba”. Ya no contaba con muchas chicas en su cuenta: ahora había centenares de webs ofreciendo a las mismas estrellas del porno y de las revistas que ella, pero seguía habiendo mucho dinero en juego. En 2005, cuando Exotica 2000, una de las mayores agencias de escorts fue clausurada por las autoridades de Nueva York, Nici decidió ocupar el nicho de mercado que había dejado vacío. Así nació Bella Models, una pequeña revancha contra una madame londinense llamada Bella con la que se las había tenido tiesas.

Bella Models se convirtió en una máquina de conseguir citas. Bajó los precios. Un centenar de chicas ofrecían sus servicios por 1.500 dólares. Nici empezó a cabrearse seriamente con muchas de las chicas: “La mayor parte eran estúpidas. Ganaban medio millón de dólares en un año y al poco las tenía llamando a mi puerta porque se lo habían gastado todo en ropa, cocaína o lo que fuera. Me compadecía de ellas, pero mi sector no era el de la psiquiatría”. Para que el negocio no absorbiera todo su tiempo, Nici contrató a un par de secretarias. Entre ellas, su hermana Mandy Gray.

Pero como ya se había temido muchas veces anteriormente, fiarse de otros fue un error. La relación entre las hermanas nunca llegó a ser del todo cordial, y cuando Gray abandonó a su marido tras una serie de peleas maritales, acabó en un despacho del FBI. Allí, contó a los agentes que Nici tenía millones y millones de dólares escondidos bajo la moqueta de su salón. También les contó que se había gastado 200.000 dólares en entrenar a su pastor alemán para convertirle en un auténtico asesino. En abril de 2006, un policía contactó con Bella Models a través de Internet bajo el alías de George Tarpinsky. Según los informes, Tarpinsky consiguió hablar con una tal “Mona” que, en teoría, no era otra que Nici. “Mona” le aseguró que no pagaría más de lo que estaba estipulado y que la diferencia entre las modelos y las estrellas del porno radicaba, única y exclusivamente, en que las primeras “le dedicaban más tiempo al cortejo y el sexo” mientras que las segundas “iban más a lo concreto”.

La investigación se cuidó muy mucho de que se filtraran los nombres de los clientes, pero no así de las chicas que trabajaban en Bella Models: Ashley Massaro, Jody Palmer, Tina Jordan o Krysteal Steal fueron algunos de los nombres, bien conocidos para los consumidores de revistas masculinas y vídeos pornográficos, que salieron a la luz. Durante el intercambio de opiniones en foros de Internet, Tarpinsky preguntó hasta el más mínimo detalle sobre los servicios prestados: si aceptaban relaciones masoquistas, tríos, griegos… En una ocasión, uno de los clientes se quejó de la estrella del porno Taryn Thomas: “Yo de ti no la contrataría. Tiene una actitud displicente y su comportamiento fue el peor con el que me he topado. Apareció, me habló del dinero sin tapujos y me hizo sentir muy incómodo”. Bella Models rebotó este comentario a Taryn con una nota en la que le pedía que, por favor, se comportara educadamente: “Ten en cuenta que ellos son los fans que mantienen tu carrera como estrella del porno”, decían.

El 16 de octubre de 2007, después de que Tarpinsky quedara con dos chicas por 4.500 dólares en un hotel de Boca Raton, el FBI irrumpió en casa de Nici. Lanzaron botes de humo y tiraron la puerta de su dormitorio abajo, con los equivalentes yanquis a los GEOs blandiendo ametralladoras mientras ella estaba todavía desnuda en su cama. Según Nici, introdujeron en la escena unos pantalones que contenían varias papelinas de cocaína. “No eran mis pantalones. Yo no tengo esa talla. De usarla, no podría subirme los pantalones por encima de las pantorrillas”. “¿Cómo se gana la vida?”, le preguntó un agente. “Creo que si estoy aquí es porque usted lo sabe muy bien, ¿no es cierto?”, respondió Nici.

Meses después, Nici empezó a superar la depresión que desencadenó todo el asunto. Intentó vender a alguna televisión un reality basado en el modo de vida de las mujeres de South Beach. No le ha sido fácil ver la luz al final del túnel. “He tenido una crisis de identidad. Durante 12 años he sido Nici, una persona que no era yo y con la que centenares y centenares de chicas querían hablar cada día para besarme el culo. Ahora les daría pánico saludarme en el súper”.

Su antigua vida, sin embargo, vuelve una y otra vez durante la conversación, por más que ahora esté centrada en su familia. “Hice sentir a muchos hombres que su vida valía la pena. Hablamos de tipos forrados de dinero de lugares como Podunk, Ohio, que tienen minas de carbón a cielo abierto. Su máxima diversión es ir a las Bahamas con las mujeres de sus compañeros de trabajo para jugar a golf y hablar del color del trajecito que tienen que ponerle al chihuahua esa mañana. Todo lo que quieren es que les suban un poco el ego y no les importa tener que pagar por conocer a una chica cañón”. Suspira un momento… “También pagan mucho dinero por sus Ferraris, ¿y acaso no es jodidamente divertido conducirlos?”.

¿Qué fue de Heidi Fleiss?

Hace 15 años, Heidi Fleiss era la madame número uno de Beverly Hills. Hoy, sobrepasada la cuarentena, dirige una lavandería cerca de un centro comercial en Pahrump, Nevada, con el nombre de Lavandería Guarrilla. Hasta 2007, vivía en un diminuto cubículo rodeado por montañas arcillosas. El día que fui a visitarla (poco antes de que la arrestaran por conducir bajo los efectos de medicamentos para los que no tenía receta) estaba en cama con “migraña” y tapada hasta arriba bajo las sábanas. Tenía peor aspecto de lo que la recordaba pero todavía seguía siendo la misma mujer entusiasta hasta la médula, de gran sonrisa y pensamientos guarretes.

“La sociedad ha conseguido que ‘sexo por dinero’ suene como algo malo, pero a mí me parece un piropo”. Y aclara: “Y no lo digo por el dinero que a mí me hayan dado. Mis mamadas eran tan malas que tenía que pagar a alguien para que las hiciera”.

madame Heidi

Foto: La madame  Heidi Fleiss, sosteniendo su agenda de bolsillo.

Sus amores estos días son 24 cotorras que pasean por su salón. “He follado una barbaridad. He follado más que 1.000 mujeres juntas. Me he follado a los chicos más guapos del mundo y a los más feos: viejos y jóvenes, gordos y delgados, ricos y pobres… No me importa no volver a echar un polvo en la vida. No necesito un chulo negro, un cachondo con dinero o un caniche para demostrar lo que valgo. Ahora mismo, soy feliz con mis cotorras”. “¡Gina!”, chilla Fleiss a una cotorra que le ha graznado. “Gina es lesbiana. Siempre viene a mi cama y se sienta en mi cara”. Fleiss heredó las cotorras de la madame de al lado, que regentaba la tienda de animales exóticos del Hotel Tropicana. “Me enamoré de ellas. Una noche fui a su casa de madrugada para dar de comer a las cotorritas con una jeringa y empezó a encontrarse mal. Llamé a una ambulancia y al otro lado me respondieron: 'Ey, Heidi, tengo tu número de teléfono' y yo le grité 'Tío, no me gastes bromas, salva a esta zorra'. Cuando se la llevaban en helicóptero con sus pañales y sus lamentos acertó a decirme: 'Heidi, tienes que cuidar de mis pajaritos'. La muy perra se murió, y ahora aquí me tienes”.

Fleiss nos da un paseo en su Toyota azul por Pahrump, la ciudad más cercana a Las Vegas que permite la prostitución. Su sueño es abrir un burdel en la cercana población de Cristal. Sin embargo, anda liada con un tipo acusado por los Federales de fraude, así que sus planes todavía deben esperar. “Me encanta este sitio. Es como el salvaje Oeste: prostitución, apuestas, corrupción. Me siento como Bugsy Siegel mirando a un terreno baldío”. Saca un bote de pastillas del salpicadero y se echa una al coleto.

Su proyecto inmediato es abrir un centro de masajes al lado de un club de striptease. En el local, una chica negra sale del burdel para dejarla entrar. Incapaz de encontrar el interruptor abre la puerta de par en par, y el sol del desierto ilumina una pequeña tienda de vibradores y vídeos antiguos con un almacén de budas, viejas mesas de masaje y minúsculas bañeras. “Esto es jodidamente feo, pero puedo hacer que funcione”, dice Fleiss. “Me encanta hasta el nombre: Salón de masajes”. Una sonrisa enorme aparece en su cara y parece feliz. “Dios, es tan soez. Me encanta”.

El catálogo de Nici
Chicas a las que el único tamaño que les importa es el de tu cartera

Nici reclutó a su plantilla de chicas de compañía en los círculos que se mueven las playmates y las estrellas del porno. “A Nici no le importaba lo más mínimo cómo fuera la chica o la pinta que tuvieses”, dice una chica del mes de Penthouse. “Sólo quería que tuviese pedigrí en el campo del entretenimiento para adultos”. Para la mayoría de chicas, que habían dejado de ganar dinero con la irrupción del porno gratis en Internet, las citas con los fans suponían una importante fuente de ingresos. “Cantidades bestiales”, afirma una pornstar. Para ellos, sólo el pequeño coste de hacer realidad una fantasía.

Catalogo Nici

De izquierda a derecha:

TISHARA COUSINO: PLAYBOY . PLAY MATE. Mayo ´99
ASHLEY MASSARO: Estrella de WWE. (Lucha libre por TV)
TINA JORDAN: PLAYBOY. PLAY MATE Marzo ‘02
KRYSTAL STEAL: Estrella en el OT porno de la TV norteamericana CLUBJENNA
LANNY BARBY: Penthouse PET. Junio ‘03

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