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Nancys Rubias en El Sol: O cómo intentar escribir una crónica de un concierto en 'playback'

El cuarteto comandado por Mario Vaquerizo presenta su nuevo disco en Madrid: cuarenta exiguos minutos`'enlatados' imposibles de juzgar por un rasero estrictamente musical. Por Jorge Arenillas

Nancys Rubias en El Sol: O cómo intentar escribir una crónica de un concierto en 'playback' Mario Vaquerizo al frente de Nancys Rubias, anoche en Madrid. (Foto: Ana Pérez)

Concierto: Nancys Rubias.
Lugar: Sala El Sol (Madrid).
Fecha: 21/12/11.
Precio: con invitación al comprar el disco.
Asistencia: 300 personas (lleno).
Repertorio: Cohete a Nancylandia, ¡Pero bueno!, Marina D´Or, Supertravesti, Adolescencia terminal, Disco Nancy, Peluquitas, Nancys Rubias, Barbie debe morir, Peluquitas.

Por dónde empezar. Lo de Mario Vaquerizo es un misterio tan grande como las siluetas del edificio Windsor o el propósito en la vida de los hermanos heavies de Gran Vía. El país entero le observa atónito, dividido entre los que le consideran un icono, una parodia, un arribista, un revolucionario, un ignorante, un genio… No será esta crónica la que resuelva el enigma, pero apuesto a que una gran broma no es, porque hasta los Kiss aparecen de cuando en cuando sin maquillaje, mientras que al personaje de Mario Vaquerizo no se le conocen fisuras en su cruzada taliglam. Sea lo que sea, lo es a tiempo completo.

Otra opción es que no sea nada, y eso explicaría la fascinación que despierta a pie de calle, pues representa el gran sueño español: medrar sin saber hacer la o con un canuto. Cuando el mundo le conoció decía ser representante, pero ¿qué artista en sus cabales dejaría sus asuntos en manos de alguien así? Ganó visibilidad al casarse con Alaska y este año, reality mediante, se ha convertido en una figura mediática por derecho propio. Y versátil: pinchadiscos, cantante, presentador y lo que se ponga por delante. Mario ha caído en gracia, lo que explica que hasta la señora septuagenaria que se pone a la cola del concierto de las Nancys Rubias por error, pensando que va a comprar un décimo de lotería en Doña Manolita, acabe sonriendo al descubrir que se trata del ubicuo Vaquerizo.

El otro misterio es por qué ROLLING STONE manda a alguien a cubrir el concierto promocional de un cuarteto que toca en descarado playback. Lo siento, no tengo respuesta para eso. Los 300 espectadores que llenaban El Sol anoche se dividían ecuánimemente en dos grupos: los que habían sido premiados con una entrada por comprar el disco y los invitados. Los segundos, entre los que se encontraban David Delfín, Bimba Bosé y la incombustible Lucía Bosé, posaban para los fotógrafos en una esquina de la sala, ocupando el espacio de un puesto de merchandising que no tendría sentido en este acto en el que todos tenían ya el disco (pagando o por la patilla). También estaba Alaska, cómo no, que vería el concierto en primera fila sacando fotos como una admiradora más.

El conflicto con Mario Vaquerizo (y por extensión con las Nancys Rubias) es que criticarlo es como pegar a un masoquista: no conduce a nada. Cito textualmente su impagable hoja promocional: “Sobornan a la prensa para que las critique y para que las ensalce y las hunda a la vez. ¡Viven del escándalo! Del escándalo y de la contradicción”. Más claro, agua. ¿Qué sentido tiene un análisis riguroso de un artista o grupo que no se toma en serio a sí mismo? Bueno, por intentarlo que no quede.

A las once menos diez, cincuenta minutos después de la apertura de puertas, subieron las cuatro Nancys Rubias al escenario. De izquierda a derecha estaban Nancy Travesti (guitarra eléctrica), Nancy O (triángulo), Nancy Anoréxica (micrófono) y Nancy Reagan (teclados): no me creo que esté escribiendo esto. Entre paréntesis se indica el objeto que sostenían en las manos, pero para sus propósitos hubiera servido igual una zambomba, porque tocar, lo que se dice tocar, no lo hicieron mucho. Una vez en marcha el playback, Vaquerizo presumió de costillas y tatuajes, dibujando una estampa que podía recordar a Iggy Pop si uno entrecerraba los ojos: pero no, no había nada que hacer, el engaño no era posible. Los animales de escenario nacen, no se fabrican, y Vaquerizo es un impostor de baja estofa que ni siquiera se esfuerza por sincronizarse con la grabación cuando le toca cantar.

El guitarrista jugaba a ser un Ramone, el teclista ponía cara de portero bruto de after, y la tercera en discordia, hermana del cantante para más señas, enseñaba las bragas a las primeras filas y le atizaba a su triángulo con preocupante entusiasmo. Iban desfilando las canciones a buen ritmo hasta que el sencillo Peluquitas, la más coreada, cerró el bloque principal al cabo de treinta minutos.

Tardaron en volver a salir lo que tardó Vaquerizo en cambiarse de pantalones, y diez minutos después concluía el bis (y el concierto) con, de nuevo, Peluquitas… La canción es pegadiza, nadie lo discute, pero oírla dos veces en un cuarto de hora se antoja excesivo. En cuanto a la brevedad del espectáculo (voy a dejar de llamarlo concierto, va): si bien es cierto que llevo más tiempo escribiendo este texto del que Vaquerizo y los suyos pasaron anoche sobre el escenario, tampoco hubiera deseado que durara más. Cuanto más deprisa se cuente un mal chiste, mejor pasará.

El mayor error que cometen las Nancys Rubias en su espectáculo es encorsetar a Mario Vaquerizo con un playback que aniquila su desparpajo. El hombre tiene gracejo natural, por lo que su formato ideal tal vez sea el monólogo humorístico con breves apuntes musicales; un poco como Bertín Osborne, vaya. Por ahora la fórmula es exactamente la contraria.

Última reflexión: no tenía muy claro si publicar este texto bajo el epígrafe Noticias o el de Conciertos, porque en realidad no es ninguna de las dos cosas. Al decidirme por lo segundo, me pide que valore con estrellas el concierto, y como tal, estoy obligado a darle la puntuación más baja por respeto a los verdaderos músicos. Pero igual de justo hubiera sido otorgarles cinco estrellas, porque Nancys Rubias no pueden medirse por el mismo rasero que Arcade Fire, Metallica o Coldplay. Simplemente es otra cosa.

22.12.2011 | 16 comentarios
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Comentarios

Ra Amon
10.02.2012 | 05:26
Ra Amon

Pues a mi me gusta y me hace gracia que exista un grupo como las Nancys en la escena musical española, con canciones pegadizas y Mario currándoselo en el escenario. Da igual el playback si la actuación entretiene. Madonna tb lo hace y nadie protesta. ¡Viva las nancys!

franvoitil
20.01.2012 | 12:24
franvoitil

es una pena que una revista tan prestigiosa haga noticias de unos cafres como estos, estos no hacen música, quieren vivir del cuento, de hecho ninguno de los componentes sabe tocar ningún instrumento, ni están interesados como pude escuchar en una entrevista, por favor hay que hacer lo imposible por que vividores como estos no ensucien el mundo de la música

carolina
16.01.2012 | 16:17
carolina

le sumo una estrella a los Nancys sólo por el gusto de poder leer una crónica como esta...buenísima!

venshin
07.01.2012 | 18:45
venshin

LA proxima vez ve al metro o al retiro que hay gente con talento y toca en directo y se merece mas una critica musical que esta panda de... nancys rubias. Tampoco quiero con esto culpar al critico, es un mandao y ha cumplido con esta critica con un 10. Saludos

Jonh Boy
01.01.2012 | 02:12
Jonh Boy

A mi Vaquerizo me cae muy bien, pero llamarle músico ya es pasarse...

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