Los Black Eyed Peas son unos chaqueteros. Futbolísticamente hablando. Si hace una semana volcaron todo su apoyo sobre la selección de Portugal, con unos vídeos casi amorosos entre el grupo y su entrenador; una vez derrotados los lusos, van a muerte con España, el equipo que eliminó del Mundial a sus antaño protegidos. Taboo, que habla un español casi perfecto, se posicionó nada más salir al escenario: “Felicidades, España. Ojalá derrotéis a Alemania”. La escena ocurría apenas 15 minutos después de que la selección española de fútbol pasara por primera vez en su historia a las semifinales de un Mundial. El sábado 3 de julio, mientras Madrid celebraba apoteósica el Día del Orgullo Gay, Barcelona no se quedó atrás. En el Estadio Cornellá-El Prat se dieron cita 35.000 personas (se quedaron 5.000 entradas sin vender, pero apenas se vislumbraban huecos) para escuchar a los californianos, que presentaban en España su último y rutilante álbum The E.N.D. Previamente, David Guetta había caldeado el ambiente con una sesión de DJ más propia de una discoteca ibicenca que de un estadio de fútbol. Pero volvamos a los cabezas de cartel.
Tras una hora y media de concierto, will.i.am y los suyos (que nadie se engañe: Fergie es una marioneta en manos del productor) dejaron claro que van de sobrados. Y que se lo pueden permitir. Tienen temas tan redondos (Missing you, Meet me halfway, Don’t lie y I gotta feeling fueron de los más aullados) que ni se molestan en traer un espectáculo potente. Se mueven sobre el escenario como personajes de un videojuego, se cubren de prendas plateadas y entonan canciones infalibles para una noche de desahogo. No hay más. Ni los ovnis de Muse en el Calderón ni la crucifixión de Madonna en Los Angeles. Este pop de estadio no se complica la vida. La pose de Fergie (recuerda a esas tipas duras del Bronx a las que en el fondo es tan fácil romper el corazón) y el hip-hop electrónico y extenuante de will.i.am saciaron por completo a sus entregadísimos fans. La comparecencia de Taboo y Apl.de.ap casi parecía anecdótica.
I gotta feeling supuso el gran cierre de la noche. Pero antes hubo otros señalados momentos que despertaron el clamor popular. Uno de ellos llegó cuando will.i.am se plantó en medio del escenario con una mesa de DJ para mezclar unas cuantas canciones. Claro que pinchó sin riesgo, de éxito asegurado, como el Thriller, de Michael Jackson. Lo hizo con una careta plateada cubriendo su rostro, del mismo color que el ceñido mono de Fergie, quien después se pasaría al brevísimo vestido negro. Con este último estilismo se quedó sola en el escenario (sus compañeros de grupo se dieron un respiro en el camerino) e interpretó un resultón Big girls don't cry. La cantante favorita de Tarantino -así lo ha manifestado él mismo- sabe hacer gorgoritos y posee el don de la flexibilidad. Resultado: una balada con dos guitarristas rodeándola y su tobillo rozando los hombros de ambos. Entre el público, explosión de feromonas.
Para los que no somos absolutamente incondicionales de Black Eyed Peas, su concierto produce un efecto similar al de una bebida energética, aunque es inevitable que una idea acabe rondándote el pensamiento: ¿no hubiera sido exactamente igual escuchar el disco en un garito con colegas?
FOTO: CARLES RODRÍGUEZ
Normas de uso
>> Esta es la opinión de los internautas, no de Rolling Stone.
>> No está permitido verter comentarios contrarios a las leyes españolas o injuriantes.
>> Reservado el derecho a eliminar los comentarios que consideramos fuera de tema.
>> Una vez aceptado el comentario, se enviará un correo electrónico confirmando su publicación.
Entrevista al fundador de WikiLeaks: Julian Assange se confiesa en el nuevo número de 'Rolling Stone' desde su refugio secreto. Nuevas relaciones y la amenaza de extradición a Estados Unidos vertebran la historia más fascinante del siglo XXI: una ...

19.12.2011
"Me gusta Mourinho. Es uno de mis héroes", dice el músico mientras sostiene nuestra ilustración del entrenador blanco. Por Lino Portela
