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En zelig, Woody Allen era un camaleón humano.
Primal Scream tiene algo de eso: Bobby Gillespie podría ser
un inventor de nuevos patrones sonoros pero es más realista
afirmar que, desde la acertada mezcla de pop y house de Screamadelica,
ha mudado de piel interesadamente. Es su atractivo: coger los sonidos
de la calle y presentarlos como nuevos.
De lo que no se les puede acusar es de quedarse estancados. Evil
Heat lo prueba. Las guitarras suenan como una sierra y los sintetizadores
como grillos. Hay electrónica y rock, pero con fronteras
difusas. Retazos de punk, blues y eurotecno crean un paisaje humeante
de angustia y
caos. Gillespie ha vuelto al desguace y ha salido con coche nuevo.
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