|
Una vuelta a las raíces en busca de
la identidad perdida y reencontrada
Durante gran parte de la década anterior, La Unión
anduvo a la deriva. Empezó a sufrir el síndrome de
banda-veterana-que-se-repite y decidió que la mejor manera
de reivindicar su sitio era arriesgando. No funcionó, por
lo que de repente nos encontramos con un grupo sin identidad que
tan pronto caía rendido al rock psicodélico como proclamaba
las virtudes de la electrónica (por no hablar de esa embarazosa
ópera rock que Rafa Sánchez se sacó de la manga,
Las botas rojas).
Con El mar de la fertilidad el trío ha recompuesto
su sonido. Es un disco moderno, en el sentido de que hace uso de
la electrónica como esmalte recurrente, pero es también
un trabajo que recupera la esencia del pop típico del grupo
(como revelan la melancólica Buenos tiempos, Polvo de
estrellas o Encerrado, con ese clarísimo toque
nuevaolero). Su obra más sensata en mucho tiempo.
|