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Si cualquiera de nosotros se cruzara con él por la calle,
sería imposible precisar, a simple vista, qué es lo
que le sitúa, definitivamente, en otro plano de la existencia.
Tiene pinta de pulcro hombre de negocios de mediana edad y luce
un vistoso reloj de oro. En el dorso de su esfera, puede leerse,
grabado en oro, "To JOE from E.P. 1-22-61" ("Para
JOE de E. P."). Un regalo de cumpleaños del mismísimo
Elvis Presley: el reloj sigue funcionando como el primer día.
Al igual que la admiración que Joe Esposito siente por quien
fue su amigo del alma.
Le cuento a Joe Esposito que, en nuestro país, por culpa
de un ingenioso anuncio de coches, casi todo el mundo luce en la
guantera de su respectivo vehículo una figura de Elvis Presley.
Un muñequito de plástico que mueve graciosamente las
caderas si la suspensión no es de ultimísima generación.
"¿De verdad? Tengo que verlo. Me compraré uno.
Seguro que a Elvis le parecería divertido y probablemente
se sentiría orgulloso al ver que todo el mundo lleva en el
coche un pequeño monumento a su figura", contesta con
media sonrisa su viejo amigo.
Joe Esposito ha visitado España invitado por un canal televisivo
de pago, TCM, que programará en agosto un homenaje al Rey
del Rock coincidiendo con el vigésimoquinto aniversario de
su prematuro fallecimiento. Dicen que él fue el mejor amigo
de Elvis, aunque Esposito prefiere aplicar sobre semejante medalla
un baño de modestia: "Yo no sé quién fue
el mejor amigo de Elvis, pero sí puedo decir que él
fue mi mejor amigo. Lo adoraba. Hay mucha gente que se gana la vida
diciendo cosas de Elvis que jamás hubiera dicho mientras
él estaba vivo: lo que yo cuento es lo mismo que podría
decir si él estuviese presente. Por supuesto, hay cosas que
no contaré jamás. Como todo ser humano, cometió
errores, pero jamás hizo daño a nadie. En todo caso,
sólo se hizo daño a sí mismo".
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Ese respeto por el amigo difunto y esa actitud ética es
lo que han hecho de Joe Esposito una figura tan emblemática
entre los aficionados: los trapos sucios y las leyendas negras se
han convertido en un lucrativo negocio capaz de construir toda una
figura paralela, un Elvis oscuro, excesivo, mesiánico, tormentoso...
Para consuelo de los amantes de los mitos de una pieza, ahí
sigue Esposito dispuesto a contarnos que Elvis era, esencialmente,
una bellísima persona, un tipo sencillo que prefería
la gente normal a las celebridades, un alma generosa que siempre
estaba dispuesta a compartir.
"Me ponen enfermo todas esas historias que afirman que Elvis
sigue vivo. Todo empezó con un libro cuyos autores sacaron
mucho dinero con la falacia. Es muy triste... porque Elvis, efectivamente,
ha muerto y no hay vuelta atrás: hace 25 años que
no está entre nosotros. Estos rumores hacen que algunos fans
mantengan cierta esperanza de que sigue vivo y eso es terrible:
generar esa ilusión infundada es una canallada. ¿Por
qué habría tenido Elvis que simular su muerte? Es
absurdo: ¿Qué interés podría tener en
seguir vivo y no poder seguir cantando para la gente o no poder
seguir viendo a su hija?", replica Esposito cuando le sacan
el tema de la rumorología necrófila.
Pero, ¿hubo algo en la vida de Elvis que alimentara esa
dimensión fantástica que ha ido adquiriendo su figura?
"Bueno, sí, él estaba muy interesado en lo desconocido.
Creía en la vida extraterrestre. Leía mucho sobre
el tema: creía en la reencarnación, en que las almas
regresaban, de algún modo, a nuestro mundo. Investigaba en
el mundo de lo inexplicable en busca de algunas respuestas. Jamás
participó en ninguna sesión de espiritismo. No creía
en los videntes ni en la superchería, pero ello no impedía
que se sintiera muy atraído por todos estos asuntos. Tampoco
intentaba implicar o convencer a la gente de su entorno en todo
esto: sabía que siempre habría preguntas sin respuesta".
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