Rolling Stone
  NÚMERO 31 .: MAYO 2002
     
 
 
Marta Sánchez
 
 


 
 
 

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Yo estuve el día que murió Elvis Presley

El próximo mes de agosto se cumple el 25 aniversario de la muerte de ‘El Rey’. Hoy, su viejo amigo y road manager, Joe Esposito, recuerda sus días junto al mito.

 

Si cualquiera de nosotros se cruzara con él por la calle, sería imposible precisar, a simple vista, qué es lo que le sitúa, definitivamente, en otro plano de la existencia. Tiene pinta de pulcro hombre de negocios de mediana edad y luce un vistoso reloj de oro. En el dorso de su esfera, puede leerse, grabado en oro, "To JOE from E.P. 1-22-61" ("Para JOE de E. P."). Un regalo de cumpleaños del mismísimo Elvis Presley: el reloj sigue funcionando como el primer día. Al igual que la admiración que Joe Esposito siente por quien fue su amigo del alma.

Le cuento a Joe Esposito que, en nuestro país, por culpa de un ingenioso anuncio de coches, casi todo el mundo luce en la guantera de su respectivo vehículo una figura de Elvis Presley. Un muñequito de plástico que mueve graciosamente las caderas si la suspensión no es de ultimísima generación. "¿De verdad? Tengo que verlo. Me compraré uno. Seguro que a Elvis le parecería divertido y probablemente se sentiría orgulloso al ver que todo el mundo lleva en el coche un pequeño monumento a su figura", contesta con media sonrisa su viejo amigo.

Joe Esposito ha visitado España invitado por un canal televisivo de pago, TCM, que programará en agosto un homenaje al Rey del Rock coincidiendo con el vigésimoquinto aniversario de su prematuro fallecimiento. Dicen que él fue el mejor amigo de Elvis, aunque Esposito prefiere aplicar sobre semejante medalla un baño de modestia: "Yo no sé quién fue el mejor amigo de Elvis, pero sí puedo decir que él fue mi mejor amigo. Lo adoraba. Hay mucha gente que se gana la vida diciendo cosas de Elvis que jamás hubiera dicho mientras él estaba vivo: lo que yo cuento es lo mismo que podría decir si él estuviese presente. Por supuesto, hay cosas que no contaré jamás. Como todo ser humano, cometió errores, pero jamás hizo daño a nadie. En todo caso, sólo se hizo daño a sí mismo".

 

Ese respeto por el amigo difunto y esa actitud ética es lo que han hecho de Joe Esposito una figura tan emblemática entre los aficionados: los trapos sucios y las leyendas negras se han convertido en un lucrativo negocio capaz de construir toda una figura paralela, un Elvis oscuro, excesivo, mesiánico, tormentoso... Para consuelo de los amantes de los mitos de una pieza, ahí sigue Esposito dispuesto a contarnos que Elvis era, esencialmente, una bellísima persona, un tipo sencillo que prefería la gente normal a las celebridades, un alma generosa que siempre estaba dispuesta a compartir.

"Me ponen enfermo todas esas historias que afirman que Elvis sigue vivo. Todo empezó con un libro cuyos autores sacaron mucho dinero con la falacia. Es muy triste... porque Elvis, efectivamente, ha muerto y no hay vuelta atrás: hace 25 años que no está entre nosotros. Estos rumores hacen que algunos fans mantengan cierta esperanza de que sigue vivo y eso es terrible: generar esa ilusión infundada es una canallada. ¿Por qué habría tenido Elvis que simular su muerte? Es absurdo: ¿Qué interés podría tener en seguir vivo y no poder seguir cantando para la gente o no poder seguir viendo a su hija?", replica Esposito cuando le sacan el tema de la rumorología necrófila.

Pero, ¿hubo algo en la vida de Elvis que alimentara esa dimensión fantástica que ha ido adquiriendo su figura?
"Bueno, sí, él estaba muy interesado en lo desconocido. Creía en la vida extraterrestre. Leía mucho sobre el tema: creía en la reencarnación, en que las almas regresaban, de algún modo, a nuestro mundo. Investigaba en el mundo de lo inexplicable en busca de algunas respuestas. Jamás participó en ninguna sesión de espiritismo. No creía en los videntes ni en la superchería, pero ello no impedía que se sintiera muy atraído por todos estos asuntos. Tampoco intentaba implicar o convencer a la gente de su entorno en todo esto: sabía que siempre habría preguntas sin respuesta".

   
JORDI COSTA

Disfruta de todo el reportaje en el nº 31 de Rolling Stone

 
     
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