Rolling Stone
  NÚMERO 31 .: MAYO 2002
     
 
 
Marta Sánchez
 
 


 
  Instantánea de Montse Velando
 

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Marta Sánchez: El último icono sexy vuelve con nuevo disco

Marta Sánchez es una señora. una señora sofisticada, elegante y educada. Podría ser la protagonista de una alta comedia en technicolor de los años setenta. Más Analía Gadé que Josele Román, más (¿me atrevo a decirlo?) Lauren Bacall que Marilyn Monroe, más (incluso) Jackie Kennedy que Goldie Hawn. Y eso que yo no le haría ascos a encontrarme cara a cara con una Goldie.

 

La Marta Sánchez que me abre la puerta de su casa mientras despide a sus obreros no da, para nada, el tipo de la rubia ingenua y tonta, sino todo lo contrario. Lo primero que sorprende es su físico estilizado; sin llegar a frágil, Marta es mucho más esbelta de lo que fotos y televisión dan a entender. De negro, con tacones altos y una rebequita con volantes en el cuello y puños, su célebre melena decolorada recogida a la negligé y sin maquillaje, da sensación de elegancia, salud y confianza en sí misma. Mucha confianza en sí misma.

- ¿Qué quieres tomar?
- Agua, gracias.
- ¿Sólo agua? ¿No me dejas invitarte a nada más? ¿Una coca-cola?
- No, gra...
- ...¡Es light!

Marta ya se ha metido en la cocina. La sigo. Acostumbrada a tratar con periodistas y curiosos desde que era casi una adolescente, sabe hacerte sentir como en casa. Tiene un trato muy natural, agradable y es correcta hasta lo convencional. La cocina es toda blanca y la nevera tiene el aparatito ése de servir el hielo, al que nunca le he visto utilidad porque yo nunca le pongo hielo a nada. La sala donde me recibe es preciosa, muy espaciosa, muebles buenos con mucha madera sólida elegidos por alguien acostumbrado a las cosas de calidad.

Un sillón tapizado de leopardo es el detalle extravagante, pero no es el leopardo que tendrían en su casa Fanny McNamara o Paco Clavel. Es un leopardo aterciopelado, en tonos castaños, cálido y de buen gusto. También hay varios cojines a juego. Un cuadro de Frida Kahlo, seguramente original, y dos figuras románicas, con pinta de ser antiquísimas. El toque personal lo ponen muchas fotos enmarcadas, suyas y de su familia, y una guitarra en un sillón, nada más cruzar la puerta, dando la bienvenida a quien llega. Es una Takamine acústica, es decir, la guitarra que se compra alguien eminentemente práctico que quiere evitarse los problemas que dan las delicadas guitarras artesanales.

"¡Enhorabuena! He escuchado cuatro canciones de tu nuevo disco y creo que cantas mejor que nunca", le digo sinceramente.
"Gracias", responde sin darle importancia.

Me hace escuchar otra canción en un lector de CDs de los que se mete el disco en el altavocito mismo. Marta tiene todos los adelantos. Me avisa de que no vamos a escuchar nada más porque la música le distrae de la conversación. Lo agradezco porque es algo embarazoso oír un disco delante de quien lo ha hecho.

Marta tiene el cuello dolorido y me pide permiso para ponerse un collarín. Estamos sentadas a una mesa y parece incómoda, cambiando a menudo de postura. Al principio, la conversación es afable, pero no relajada. Marta está acostumbrada a las típicas entrevistas promocionales, intrascendentes y de compromiso y me hace sentir como si le estuviera dando la lata. A lo largo de la tarde, Marta se mostró, a mi parecer, más sincera que nunca, y reconozco que resultó francamente agradable hablar con ella. ¡Aparte de lo que mola que te abra la puerta de su casa el único icono sexy del pop español!

"Es que tú quieres saber muchos detalles", se queja. También se medio enfada conmigo porque no me había enterado de que es autora de muchas de sus canciones y pienso que la mayor parte de la gente tampoco lo sabe. Le digo, con suavidad, que opino que

 

su carrera en solitario ha estado muy mal llevada. De buenas a primeras, se opone rotundamente: "¡He estado muy bien llevada! Al menos hasta que entró el equipo nuevo en mi anterior casa de discos. El último disco ha sido el que peor llevado ha estado. Hay mucha gente que no sabe, aquí en España, que yo he vendido un millón de copias con Desesperada, cuatrocientas mil o medio millón con Mi mundo y otras cuatrocientas con Azabache".

¿Por qué has pasado tres años y medio sin grabar?
Primero por el cambio de compañía... Después, se ha tardado en elegir el repertorio cerca de dos años. Me han estado llegando muchísimas canciones nuevas... ¡Esta mesa es odiosa! Estoy pensando en cambiar...

Marta se remueve molesta con su collarín y sus dolores. Dentro de poco tiene una cita con su masajista. La chica de la compañía de discos, con quien parece tener un trato amistoso, le trae uno de los cojines de leopardo. Es acogida con agradecimiento: "Es que parezco una ancianita".

¿Nos cambiamos de sitio?
No, con el respaldo recto estoy bien. ¿Qué estaba diciendo?

Hablábamos de cómo empezaste a trabajar el disco.
Las primeras canciones fueron cuatro que hice yo, aquí en casa, en el sótano, con un músico jamaicano que vive en Nueva York. En el el disco van a entrar dos. Una tiene letra mía, Noche tras día, y la otra es la mitad de la música y la letra mías. Se llama El país de Nunca Jamás.

¿Por qué se desecharon las otras, dejaron de gustarte?
¡No, coño!... Yo trabajé como una negra. Lo que pasa es que, al final, o surgen mejores canciones o a la compañía no le convencen del todo y se descartan. Eso le pasa a cualquier artista. Luego, empezaron a venirme por otro lado canciones que se quedaban en stand by, y después llegaron las de Christian De Walde que desbancaron totalmente a las otras. Christian es el productor que trabaja conmigo desde que hago carrera en solitario. Después apareció Brian Rowling, que es el productor de Cher, y suyo es el tema que da título al disco con letra mía. Se llama Soy yo.

¿Cómo te sientes más a gusto: cantando lo que tú compones o cantando las canciones que te hacen otros?
¡Hombre, las que compongo yo son mis hijas!... Pero también quiero a las que tienen magia y me pueden dar ocasión de lucirme.
¿Hasta qué punto te dejas llevar por músicos y productores y hasta qué punto dices: ‘Se hace lo que yo digo’?
Yo soy muy mandona.

Tienes fama, por eso te lo preguntaba. En este disco, ¿cuántas veces te has plantado?
¡En todas las canciones! Voy viendo los arreglos y digo lo que no me gusta y lo que sí. Me involucro en todo, en música, en diseño de portadas... La mayoría de mis portadas las he hecho yo. Este año la está haciendo un estudio, pero la portada de Mi mundo es diseño mío y la de Mujer también.

¿Crees que eres respetada como mereces? Eres, sin duda, muy popular, pero... ¿respetada?
Empiezo a serlo.

¿Empiezas, después de... 14 años?
...Dieciocho años, llevo. Empecé con 19 años y tengo 37. Voy a hacer 18 años en la música.

   
PATRICIA GODES
Disfruta de todo el reportaje en el nº 31 de Rolling Stone
 
     
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