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Hedonismo envasado para bailar
Entre los artistas veteranos (lo sé, una palabra muy fea)
están los que siguen dando la paliza con el mismo rollo de
siempre; los que tratan patéticamente de apuntarse a la última
moda cuando ya no lo es; o los que se adaptan las tendencias
de vanguardia con una naturalidad pasmosa. Nacho Canut y Alaska
son de éstos, claro. No es necesario repasar su extensa carrera,
sino que basta con escuchar Naturaleza muerta, para certificar que
Fangoria nunca estará pasée.
A diferencia de la melancolía de Una temporada en el infierno,
su anterior álbum, aquí predomina el hedonismo y los
ritmos bailables: música para disfrutar, como las elegantes
maravillas de Más que una bendición, Un astronauta
solo, flotando o Eternamente inocente. Parte de la culpa de que
hayan quedado unos hits rompepistas tan robustos, la debe tener
el productor Carlos Jean, que comparte con Fangoria su aversión
a todo tipo de prejuicios musicales. Sólo así se puede
explicar la existencia de No sé qué me das, primer
single, y un bombazo que debería ser el himno discotequero
de los próximos meses. Pero también hay medios tiempos
intensos (Hombres), dramáticos (El cielo está vacío)
o incluso de una serena y agradable tristeza, como Déjame
llorar, compuesta por Teresa Iturrioz e Ibon Errazkin (ex Le Mans).
Son las caras menos luminosas de un disco eminentemente optimista,
y muy saludable.
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