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Deprisa, deprisa...
Estopa dio en el clavo, prendió candela. Había un
vacío en la música popular: la rumba que le mete el
ventilador al lenguaje de la calle, a lo que la gente entiende con
toda sencillez. Deprisa, deprisa... La vida y el negocio van así.
Estopa ha tenido la virtud de conectar con una cultura que se señorea
con ser ella misma mientras nosotros seamos eso que suponemos. No
parece que se calienten los Muñoz mucho la cabeza con teorías.
Hay juventud de sobra. Por cuanto las cosas funcionen... Y no es
cuestión de reincidir sobre las referencias que han engendrado
el fenómeno de Estopa. Tampoco adoremos a falsos ídolos.
Las expectativas con su primer disco, incluso desbordaron a su compañía
discográfica. Ahora llegan los tiempos del proteccionismo.
Y le ponen al disco una etiqueta de que no se puede copiar de ninguna
manera. Menos humos, porque los amigos de los de Cornellà
ya se las apañarán, por feo y delictivo que quede
el tema.
Los Muñoz tienen gracia interior y exterior. Guaperas de
barrio: han caído bien. Sus canciones nuevas, no podía
ser menos, para nada se diferencian de las anteriores. Podrían
destacarse unas u otras. Cuestión de gustos, personales y
de temporada. Las mesnadas de encariñados fans que dan vivas
a Estopa están recibiendo algo que les satisface a primera
vista y escuchan. Aceptemos este fenómeno raro en que lo
que la gente quiere escuchar coincide con lo que la industria decide
que es lo que mola. Mola Estopa, para mayores y chicos. ¿Qué
pasa, qué pá...?
Los chicos se lo curran. Pedir más es mear fuera del tiesto.
El imperio de la música popular tiene este cortar pelos en
aire. Estopa, chavalotes que van a por lo que quieren, a nadie llevan
a engaño. Y todo esto parece un justificación injustificable.
Canciones sencillas, personalidad marcada con matices, épica
de crónica urbana... A Sabina, por citar un maestro deslumbrante,
le dan el queo. Amigos, colegas y fans de Estopa, deprisa,
deprisa, están en la calle.
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